Es un regalo para mis maestros.

¿Alguna duda?

Lo obvio sería hacer una lista que vaya del maestro más querido al más detestable. También sería importante un reconocimiento especial al que nos apoyó con el asco y la ansiedad que representaba diseccionar una rana en clase. Y como olvidar al maestro que mirando a todos y a nadie decía con sarcasmo: “Cuéntenos el chiste en voz alta para que nos riamos todos” o el legendario  “pórtense bien, que ya están grandes.”

No, esta vez, no va por ahí… Este será un homenaje a nuestros maestros ficticios favoritos, aquellos de los que aprendimos mientras leíamos, entrañables personajes literarios que tienen en común dar clases dentro de un libro.

Maestra: Jennifer Honey

Libro: Matilda

Autor: Roald Dahl, ilustrada por Quentin Blake

Clasificación: Adorable

Los papás de Matilda creían que su hija era rara, además no les importaba mucho lo que hacía y no se dieron cuenta de su extraordinaria inteligencia. Un golpe de suerte -más bien la venta de un coche a la directora de un colegio- hizo posible que  Matilda entrara por fin a la escuela. Ahí conoció a una maestra amorosa y sabia, que durante cada jornada escolar estimuló su curiosidad y la animó a seguir con descubrimientos de todo tipo. En la famosa adaptación cinematográfica de este libro, Miss Honey adopta a Matilda (un final que todos deseábamos), sin embargo en el libro se convierte en su tutora, pero sigue viviendo con sus padres. El cariño y cuidado que Matilda recibe de Miss Honey es suficiente para que sea feliz a pesar de su familia.

Maestro: Profesor Kitagawa

Libro: Algo que brilla como el mar

Autora: Hiromi Kawakami

Clasificación: Peculiar

En esta luminosa novela de iniciación, un personaje clave para que la historia fluya es Kitagawa, el maestro de japonés. Este personaje mantiene su aura ancestral mezclada con una personalidad adelantada a su época; lee poesía, cocina y que tiene una edad impredecible. Midori, Hanada y Mizue, los protagonistas de este relato, son afortunados, pues en ese torbellino entre la infancia y la juventud, el maestro Kitagawa aparece en el momento indicado, se convierte en una especie de brújula emocional para sus alumnos y utiliza las más inusuales armas secretas para que los chicos encuentren, por si solos, las respuestas de la vida. Según sea el caso, dispara un haiku japonés o un poema occidental.

Maestro: Fiedrich Bhaer

Libro: Mujercitas

Autora: Louisa May Alcott

Clasificación: Sufrido

Este profesor de dulce acento como lo describe la autora (miren que para ser inmigrante alemán, esperábamos que fuera lo contrario) tiene la habilidad es enseñar de manera clara y precisa a seres humanos de todas edades. Su vida ha sido una tragedia tras otra, perdió a su única hermana a causa de una enfermedad incurable y tuvo que dejar Berlín para comenzar de cero en la campiña inglesa. Es el querido tutor de los hijos de la Sra. Kirke, donde se gana la vida dando clases particulares. “Fritz” Bahaer es una pieza clave de esta novela, le pide a Jo March escribir desde el corazón y abandonar los “periódicos de la época” que limitaban y aprisionaban su talento literario.

Maestro: Remus John Lupin

Libro: Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Autor: J.K. Rowling

Clasificación: Adorablemente extraño

Seleccionar un profesor de la saga de libros juveniles más popular de todos los tiempos fue un desafío. Cada maestro tiene algo especial y mágico, pero tenemos un favorito y esta lista no estaría completa sin el adorablemente extraño Profesor Remus Lupin especialista en Defensa Contra las Artes Oscuras y Hombre Lobo Profesional. Nos encanta, porque motiva y alienta a Harry (no olvidemos que fue él, quien le enseñó las maravillas del expecto patronum, hechizo que le salvó la vida en varias ocasiones al pequeño mago) además siempre trae consigo una barra de chocolate (nunca se sabe cuando necesitarás calorías extra) y lo que más admiramos de él es que aunque se mantiene en bajo perfil, ha logrado que sus alumnos encuentren la mejor versión de si mismos gracias a sus valiosas y entretenidas lecciones.

Eliza Doolittle.