En la Colonia Roma de la Ciudad de México, entre almas en vilo y universos paralelos: así presente, al igual que ausente, como si de los puntos de un holograma se tratase, la Maga de las salsas psíquicas llevaba en el seno de su singularidad de arena y desierto, no solamente toda la humanidad, toda la vida, sino también el cosmos de los devaneos claroscuros del Argél.

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