CARTAS DEL NOVIAZGO
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Kierkegaard es, aquí, el remitente único, tanto a su amada Regina, una jovencita de catorce años, como a Emil, el amigo fiel, con quien discute la separación y el abandono de la niña. A través de estas cartas surge toda una dramaturgia del amor apasionado, del género epistolar amoroso que deviene medio y elemento de su personalización. Aquí, escribir es "escribirse", es una manera de amar y las cartas son actos de posesión que ciernen a la amada y la penetran en forma indeleble. Hay a través de esa especie de liturgia escénica toda una revelación ontológica que no puede ser de otro modo que unilateral, aunque el alto grado de presión emotiva le otorga una viva dramaticidad.

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