Imagínese si se encontrara en un parque, café o restaurante con algún autor universal; piense que ese personaje sea Nietzsche, Hegel, Tomás de Aquino o Platón. Sería una maravilla dialogar sobre el amor y el Estado con Sócrates y Aristóteles; quizá poder discutir del derecho con Kelsen, Ronald Dworkin y John Rawls; intercambiar ideas sobre economía con John Stuart Mill, Adam Smith o Malthus; hablar de política con Hobbes y Maquiavelo. ¡Seria grandioso! De esto trata la presente obra. Alguien me cuestionó si pretender dialogar con mentes privilegiadas no era un ejercicio egocéntrico o narcisista, ¿quién soy para hacerlo? Asumo la responsabilidad de tal pretensión. Puede que tenga razón, pero también me comprometo con la enorme responsabilidad académica-histórica de poner sus palabras exactas a mis cuestionamientos, las letras justas a la luz de sus doctrinas. Desde luego que no pretendo ponerme al mismo nivel intelectual de ellos, propongo presentarlos de "carne y hueso", con sus virtudes y méritos, pero, también, con sus miedos y contradicciones. Por último, parafraseando a Nietzsche, efectivamente todos somos humanos, demasiado humanos.

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