EJERCITOS DE LA NOCHE, LOS

MAILER, NORMAN
EJERCITOS DE LA NOCHE, LOS
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Cierto día de principios de setiembre, en 1967, el año de la primera Marcha sobre el Pentágono, el teléfono sonó por la mañana y Norman Mailer, siguiendo su principio de los juegos tácticos de guerra y del juego de azar, descolgó el auricular. Aquel gesto no era habitual en él. Como la mayoría de quienes tienen los nervios lo bastante sensibles como para mantenerlos bien revestidos de carne, detestaba el teléfono. Un exceso de teléfono hacía penetrar cierto equivalente psíquico de la electricidad estática en los rincones más íntimos de su cerebro. Sus defensas, por tanto, eran muchas y variadas. Disponía de un contestador automático, de una secretaria, de ocasionales miembros de su familia que descolgaban el teléfono por él.

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