El credo que recitamos desde Nicea se extiende en detalles sobre la obra y persona y de Jesús, pero al llegar al Espíritu Santo se contenta con una sola frase: "Creo en el Espíritu Santo". Esa falta de proporción se refleja en nuestra conducta. Mucho conocemos, sabemos, estudiamos y contemplamos sobre Jesús, centro de nuestra vida; pero acerca del Espíritu Santo, más allá de decir que creemos en él, muchos de nosotros no nos atreveríamos a entrar en detalles.

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