LATA DEL DOMINGO, LA

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Estos cartones dominicales nacieron el mismo día en que conocí El Norte, y de no haber sido por eso jamás se me hubieran ocurrido. Después de hablar con Alejandro fui a la oficina de Ramón Alberto Garza -entonces director editorial del diario- para presentarme y ponerme a sus órdenes. Órdenes no había, pero él tenía ganas de publicar una columna política que en lugar de escrita fuese dibujada. La sola idea me dio escalofrío pues, hasta la fecha, si algo detesto pasionalmente es la grilla. Tener que dibujar, semana a semana, una glosa de cuanto chisme y despropósito se dijo en ella, es una condena que no se la deseo ni a mi peor enemigo (en caso de tenerlo). Para acometer tal empresa argumenté -viendo el modo de zafarme- que necesitaría más espacio del habitual. "No hay problema." Necesitaría total libertad para poner todo lo que yo quisiera. "No hay problema." Reírme de todos, desde el presidente hasta el pordiosero. "No hay problema." Y en efecto, no lo hubo. Hasta el día de hoy nunca lo ha habido. Lo que tampoco ha habido es la columna que querían.

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