#ElSótanoEnElHay Día 1
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#ElSótanoEnElHay Día 1

Viajar es una ejercicio que deja consecuencias.

El camino es corto, pero cualquier desplazamiento, por mínimo que sea, provoca pensar en Mark Twain, especialmente cuando éste se refiere al viaje como ese acto que provoca efectos fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente. El destino de este recorrido es Querétaro, que debate su identidad entre la purépecha que significa "lugar donde se juega a la pelota" y la otomí, que significa "lugar de piedras". Esto es apenas el origen, el comienzo de la multiplicidad de raíces. Si seguimos la línea del tiempo sin detenernos, nos encontraremos con su esplendor colonial, su furia independentista y con su deslumbrante etapa imaginativa que es a la que nos dirigimos.

Imaginamos el mundo desde la autopista. La promesa de un nuevo Hay Festival está a unas cuantas horas. Querétaro se va transformando en una ciudad invisible al más puro estilo de Calvino. Cada visitante trae pertenencias literarias, maletas de contenido personal que encontrarán su lugar en una conversación, proyección o concierto.

Esta vez no sólo venimos como observadores, somos sede y eso nos emociona. En el camino, nos acompaña un libro sobre otro viaje, trasatlántico, iniciático y adolescente. El viaje de mina es una historia escrita por una de las plumas más esperadas de este festival: Michael Ondaatje, que con una prosa clara y tremendamente humana nos alimenta la esperanza del encuentro con sus palabras.

 Llegamos. La música y los ruidos siempre han contribuido a crear un espacio para la narración, la terminal de autobuses de Querétaro suena en todas direcciones. Ese lenguaje ratifica con constantes ejemplos la relación entre lo sonoro y lo espacial. La capacidad  y velocidad del sonido para contar historias queda demostrada en nuestra carrera para llegar a la entrevista con el rapero U-God, quien nos recibe con una fatigada sonrisa en el rostro, mientras se acomoda la gorra e intenta decir en el mejor español posible: El Sótano… La charla comienza. Los cuestionamientos sobre los momentos más luminosos y oscuros de Wu-Tang Clan aparecen desde la más sincera expresión autobiográfica, mientras Lamont habla del presente y de su pasión incondicional por el misterioso futuro.

Sentimos de golpe el ambiente del festival, gente cruzando calles y tomando rumbo inesperado con programa en mano. Nos detenemos en el Jardín Guerrero, observamos lo cotidiano como piedra angular de la experiencia, seguimos nuestro camino hasta el Teatro de la Ciudad donde el gran experto en la gravedad (entendida como la  fuerza física que la Tierra ejerce sobre todos los cuerpos hacia su centro y no como seriedad dificultad o peligro), ya habla con desenfado básico pero riguroso acerca de los agujeros negros, las ondas gravitatorias y el concepto de simultaneidad y las deformaciones del espacio y del tiempo. Roberto Emparan ilumina el lado oscuro del universo al ritmo de las otras melodías de Einstein, al mismo tiempo nos hace una revelación: “me gusta detener el coche en la carretera, bajar a mis hijos del auto y juntos admirar el cielo estrellado.”

Cae la noche y con ella se deja venir un concierto, un documental e incluso la primera fiesta. Todo se reduce a una simple elección, aquella que determinará el encanto de la novedad, la maravilla de lo conocido o el asombro del descubrimiento.

América Gutiérrez

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