Veo a Zuélika mirando cristales rotos y los restos de la batalla. Veo a través de sus ojos porque ella así lo quiere: historias maravillosas que se fundan en el amor, el dolor y la creación. Observo con cuidado la mesura de su narración, lo acucioso de sus datos, el respeto al mundo sagrado de Kantor. Ella misma parada frente al paisaje recolecta los aires y las formas, las letras y los aromas, los escenarios y las calles, los laberintos de una Polonia a la que amó tanto Kantor y que ella misma, en este libro, nos muestra su adhesión al pensamiento del arte, de ver a través del lente amplificador el amor a la nación y a sus artistas. Todas las ideas que se imprimen en este libro son una espiral que empieza y acaba donde inicia, una obra teatral redonda, una narración completa, de nosotros depende entender el mensaje, así es el arte, un laberinto que empieza en la victoria o en la derrota, que se camina y que nos lleva a profundizar. Gracias Zuélika por abrir esta puerta y regresarnos al inicio.

Detalles