Crónica FIL  Párrafo final
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Crónica FIL Párrafo final

Aunque la feria sigue su marcha hasta el domingo, nosotros debemos despedirnos de ella, continuar el trabajo diario desde nuestros frentes literarios.

Aunque nos duelen los pies, nos resplandece el alma; esta es una fiesta dedicada al libro, a ese bello objeto de hojas de papel o tinta electrónica donde las palabras saltan de alegría o se tiñen de melancolía o desconcierto.

Al sentirse rodeado de las más variadas ediciones, el lector activa todos sus sentidos, comienza por el tacto, para después pasar a la vista, le sigue el olfato y se complementa con el odio al escuchar el singular sonido del “pase de hojas” una especie de crujidito especial. El libro sigue siendo un invento mágico, un soporte que no pasa de moda, una extensión de la imaginación.

Recorrimos pasillo por pasillo, vimos stands decorados con cariño, con practicidad y con opulencia. El doble de cera de Guillermo del Toro no perdía detalle de nuestros movimientos y en la zona de libros de segunda acariciamos varias primeras ediciones que nos habría encantado llevar a nuestros libreros.

Retrocedimos en el tiempo cuando nuestra misión fue visitar los stands de FIL niños pasamos frente a un dinosaurio, para llegar a Hogwarts y toparnos de frente con Dipper, Mabel y Pato. Nos entretuvimos con una variedad inesperada de libros ilustrados y nos sentamos frente a una cuenta cuentos a descansar a la sombra de una historia.

Por las tardes, siempre descubríamos algo nuevo al atravesar el pabellón de India, ahora comprendemos mejor la fascinación de Octavio Paz. Fuimos testigos en estos días de la maravilla de su historia, su sociedad, pero sobre todo, de su pensamiento y su expresión literaria fundacional.

Leímos cantando con Luis Pescetti, le provocamos una carcajada a Siri Hustvedt, ganadora del Premio Princesa de Asturias mientras le explicábamos que era una “drowned bagette” y le confesamos a Antonio Muñoz Molina que sus columnas en Babelia eran necesarias para nosotros, algo así como una pildorita para sobrevivir a la matrix.

Fuimos a debates, foros, homenajes y encuentros. Escuchamos a jóvenes promesas como Leila Slimani y analizamos con el humor de la veterana Margo Glantz los más disparatados fenómenos literarios y culturales. Tropezamos con Amin Maalouf y nos conmovimos con las intervenciones de María Fernanda Ampuero.

Nos armamos de paciencia con aquellos asistentes que más que una pregunta tenían un comentario, con el que te ganó el libro que quería comprar mientras buscabas la cartera en la mochila y hicimos gala del manejo de la ira contra los presentadores que no dejaban hablar a los autores.

Encontramos tesoros en los stands de las editoriales independientes, libros de fondo y novedad o alegres reediciones en colores como las de Almadía. Acariciamos los soberbios acabados de algunas novelas gráficas y terminamos hojeando poesía.

Nos vamos de FIL pero volveremos el próximo año, hoy, el punto de partida lo constituye el párrafo final.

 

América Gutiérrez

5 de diciembre 2019

FIL Guadalajara

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