Pequeñas con minúscula…pequeñas mujeres rojas
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Pequeñas con minúscula…pequeñas mujeres rojas

América Gutiérrez

Para Marta Sanz, la novela negra tradicionalmente había sido un lugar donde dar testimonio de las desigualdades, un lugar de denuncia y una herramienta de reivindicación política codificada desde un punto de vista literario. Este género inquieta y transforma, interviene en el espacio social como una herramienta que permite ver las cosas desde otros ojos, de reformularse los prejuicios, pero en algún momento la dimensión política de la novela negra se desactivó, se neutralizó por el mercado que lo convirtió en un género paradigmático de la época del neoliberalismo en la que los lectores son convertidos en meros consumidores de una fórmula exitosa. Así nace la trilogía protagonizada por el célebre Arturo Zarco, a partir de la escritura de una novela de detectives que desdice lo previsible: el típico detective hard-boiled deja de serlo para convertir en un detective homosexual tremendamente pulcro y culto, que en realidad es detective porque le gustaría vivir permanentemente en el decorado de una película Fritz Lang. A su lado hay una mujer que lo amó perdidamente, su ex mujer, Paula Quiñones, personaje fundamental en pequeñas mujeres rojas, quien es su cable a tierra, su capacidad deductiva y su inteligencia.

 

pequeñas mujeres rojas, escrito así con minúscula, no es un error de corrección o impresión en la portada, es algo deliberado y simbólico. Paula, su protagonista de fortaleza asombrosa y belleza inusual, con desnivel, pero que frente al amor romántico se desarma, se escribe a sí misma en bajas, pues arrastra el discurso emocional que ubica a las mujeres como el eslabón débil, en franca subordinación.

 

En la literatura de Marta Sanz existe una vocación por descubrir las relaciones de dominio y de interés tras los discursos o las representaciones culturales, especialmente aquellos que tienen que ver con la clase y el género. La autora de Clavícula asume la responsabilidad de intervenir críticamente y mantener la coherencia gracias a su consumada habilidad en la construcción lingüística de los recursos que ofrece el lenguaje.

 

Aunque pequeñas mujeres rojas es el cierre de una trilogía (Black, black, black y Un buen detective no se casa jamás) es un libro que puede leerse por sí mismo, en forma independiente, como unidad. También es una novela política, que denuncia la crueldad de los vencedores de la guerra, los abusos cometidos contra el cuerpo de las mujeres, pero lo más importante es su reflexión en torno a que el lenguaje es capaz de normalizar injusticias y ser extremadamente violento.

 

Esta narración nos hace transitar por lo policial, el terror, los cuentos hadas o la pintura de Francis Bacon; hasta legados tan contrastantes como los de Rulfo, Vázquez Montalbán y  Hammett en la misma página. La escritora de Farándula crea relaciones, une objetos y elabora sentidos metafóricos con destreza, pues esta vez no sólo se trataba de cerrar una trilogía, sino de concluir con una obra que propone desarrollar una conciencia ética que sirve de contrapeso a los rumores, a la velocidad de los tiempos que exigen tragarnos todo. La propia Marta Sanz propone que la lectura de esta novela sea espeleológica: “lea hacia abajo y luego hacia arriba, y del pasado y hacia el presente. Lea con todo su cuerpo, como si la lectura fuera casi, casi, una experiencia física, una experiencia demorada”.

 

En pequeñas mujeres rojas hallamos una prosa poética con diferentes elevaciones que prenden las alertas, que advierten la importancia de poner atención para que las historias no se repitan. El coro que resuena en este libro es una polifonía de mujeres muertas y de niños perdidos que desde el interior de la fosa son calaveras sonrientes, hacen chistes incisivos y sus cuerpos en descomposición se mezclan con todo lo que hay por debajo de la tierra para volverse uno.

 

La obra de la autora española es una intervención social y política en su conjunto. Marta Sanz deja por escrito que fondo y forma son indisolubles, lo mismo que la ética y estética contenidos en un ejercicio literario perfomativo, que implica la realización simultánea de la acción evocada. Una literatura que interviene en el espacio de la realidad, que toma una posición ideológica y la argumenta gracias al concepto de estilo.

 

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