# 145. La perfecta casada

# 145. La perfecta casada
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Para quien piense que sólo la universidad del siglo XXI en este o en aquel país del orbe, pudo bajar del imperturbable trono de la sabiduría al tumulto cotidiano, del silogismo a la protesta, de la razón a la pasión, mire en la vida y obra de Fray Luis de León cómo también en el aparentemente adormilado siglo XVI, la cátedra no quedaba lejos de la cárcel, ni eran vidas paralelas la del maestro y la del juez, ni los estudiantes ignoraban, aunque con otros nombres para idénticos lugares comunes, cuestiones de gobierno y libertad de cátedra al lado de las súmulas y quodlibetos escolásticos. Cada nuevo bajo el sol, o bajo la luna, por hoy más exacta referencia. Como nada nuevo encontrarán los maestros en esta introducción y en las notas siguientes, pues que nos limitamos a sintetizar lo que otras voces, esas sí autorizadas, han proclamado de Fray Luis. Con las anotaciones que acompañan al texto de los poemas, deseamos simplemente hacer un acto de servicio a 168 jóvenes estudiantes que aspiran a iniciarse en el arte, cada vez más raro, de saber leer poesía; más difícil aun cuando nos alejamos de ella por el tiempo y la sensibilidad. La clase de literatura suele evaporarse en inasibles, abstractas teorías, cuando la poesía es en realidad el poema concreto, como dijo Octavio Paz; o se petrifica en el dato histórico por donde vaga el inconfundible polvillo de las bibliotecas. Sin pretender anular ni lo uno ni lo otro, que todo sirve si se dosifica, nada suple al contacto vivo con el escritor, la cálida amistad de su testimonio directo. Nunca terceras personas fueron buenas, ni para conocer en la vida ni para conocer en el arte. Mucho menos para amar.

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